domingo, 6 de febrero de 2011

EL MUNDO NECESITA HEROES (completo)

Ángelus del Papa Benedicto XVI







-Al presidir el rezo del Ángelus este domingo en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI alentó a los cristianos a ser luz del amor de Dios en medio de las tinieblas de la indiferencia y el egoísmo del mundo para darle sentido a la vida de los hombres.

Ante los miles de fieles reunidos, el Santo Padre se refirió al Evangelio de este domingo en el que el Señor Jesús le recuerda a los apóstoles que ellos "son la sal de la tierra y la luz del mundo".

"Con estas imágenes ricas de significado, Él quiere transmitirles el sentido de su misión y testimonio".

La sal, explicó el Papa, "en la cultura de Medio Oriente, evoca diversos valores como la alianza, la solidaridad, la vita y la sabiduría. La luz es la primera obra de Dios Creador y es fuente de la vida, la misma Palabra de Dios es comparada a la luz, como dice el salmista 'Guía de mis pasos es tu palabra, luz para mi camino'".

"La sabiduría reasume en sí los efectos benéficos de la sal y la luz. De hecho, los discípulos del Señor están llamados a darle un nuevo sabor al mundo, y a preservarlo de la corrupción, con la sabiduría de Dios, que resplandece plenamente en el rostro del Hijo, porque Él es la 'luz verdadera que ilumina a todo hombre'".

"Unidos a Él  prosiguió  los cristianos pueden difundir en medio de las tinieblas de la indiferencia y el egoísmo, la luz del amor de Dios, verdadera sabiduría que le da significado a la existencia y la acción de los hombres".

En su saludo en español, Benedicto XVI se dirigió de manera particular a los grupos de las parroquias de Cristo Rey, de Zamora, de la Resurrección del Señor, de Segovia, y de Santa Joaquina de Vedruna, de Barcelona.

"Con la liturgia de hoy, invito a todos a ser reflejo del amor de Dios mediante las buenas obras, y a ser así luz del mundo y sal de la tierra, que inspire en todos el horizonte de la verdadera razón de su existencia y la esperanza suprema que Cristo ha traído a la tierra. Que la Virgen María os proteja y acompañe en el camino de la fe. Feliz domingo", concluyó.

sábado, 5 de febrero de 2011

Domingo V Durante el Año





Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo ( 5,13-16)

13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
14 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
15 Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
16 Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.  Palabra del Señor

REFLEXIÓN

El evangelio de este domingo nos encontramos con dos afirmaciones muy concretas: un cristiano debe ser sal y luz en su ambiente, testigo y profeta en medio del mundo.
Decía un proverbio romano que " nada hay más útil que la sal y el sol". La sal, que da sabor y ayuda a conservar, es símbolo de alianza, gusto y permanencia. Está en función de los alimentos a los que da sabor o conserva; está al servicio de los otros, de la tierra, del mundo entero. También se usaba la sal en los pactos y alianzas. La luz, que ilumina y calienta, es símbolo de buenas obras y del esplendor de la gloria de Dios. Está en función de la revelación divina, de la manifestación de un mundo renovado.

Juan Pablo II, en la Jornada Mundial realizada en Toronto les decia a los jóvenes lo siguiente: "
El mundo os necesita; el mundo necesita la sal, os necesita como sal de la tierra y luz del mundo.
La sal se usa para conservar y mantener sanos los alimentos. Como apóstoles del tercer milenio, os corresponde a vosotros conservar y mantener viva la conciencia de la presencia de Jesucristo, nuestro Salvador, de modo especial en la celebración de la Eucaristía, memorial de su muerte redentora y de su gloriosa resurrección. Debéis mantener vivo el recuerdo de las palabras de vida que pronunció, de las espléndidas obras de misericordia y de bondad que realizó. Debéis constantemente recordar al mundo que "el Evangelio es fuerza de Dios que salva" (cf. Rm 1, 16).
La sal condimenta y da sabor a la comida. Siguiendo a Cristo, debéis cambiar y mejorar el "sabor" de la historia humana. Con vuestra fe, esperanza y amor, con vuestra inteligencia, valentía y perseverancia, debéis humanizar el mundo en que vivimos. El modo para alcanzarlo lo indicaba ya el profeta Isaías en la primera lectura de hoy: "Suelta las cadenas injustas, (...) parte tu pan con el hambriento (...). Cuando destierres de ti el gesto amenazador y la maledicencia, (...) brillará tu luz en las tinieblas" (cf. Is 58, 6-10)."...
Hoy los cristianos y la Iglesia somos invtados a ser luz para los demás. No se trata de encender una vela, o regalar lámpara o pilas eléctricas. Se trata de que seamos nosotros mismos luz, con nuestra vida, en medio de una sociedad secularizada en la que se está perdiendo el sentido de Dios. Que seamos también luz para tantas personas que se encuentran desorientada, que viven en crisis, en la oscuridad y que no encuentran el rumbo de sus vidas.
Pidamos a María que nos regale el poder saborear con la palabra y la eucaristia el principio y fundamento del ser cristiano y sobre todo ser autenticos discipulos, misioneros en medio de los lugares que nos toca estar.
A Él, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén....




    "ustedes son la sal, y la luz del mundo..."

martes, 1 de febrero de 2011

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II: LA FUERZA EN LA DEBILIDAD

BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II: LA FUERZA EN LA DEBILIDAD: "La cruz fue compañera inseparable de Juan Pablo II su pensamiento sobre el sufrimiento, sobre la fugacidad de la vida y sobre la muerte es..."

LA FUERZA EN LA DEBILIDAD



La cruz fue compañera inseparable de Juan Pablo II su pensamiento sobre el sufrimiento, sobre la fugacidad de la vida y sobre la muerte estaba siempre presente en su vida. Incluso sus obras poéticas lo ponen en evidencia, lo que no significa que se  trocasen en motivos de tristeza, de pesimismo o de frustración.Por el contrario, constituían para él un estímulo a una vida interior más intensa, a la acción apostólica, a una unión con Dios más estrecha, sin la cual no se puede comprender hasta el fondo el drama de la existencia humana.
El papa tenía un acercamiento particular por los enfermos, donde en las celebraciones multidinarias, el se dirigía a los lugares que ellos se encontraban . Y con un corazón de padre y pastor se dirigía a ellos diciendo:«Si el grano de trigo... muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24). La redención realizada por Cristo al precio de la pasión y muerte de cruz, es un acontecimiento decisivo y determinante en la historia de la humanidad, no sólo porque cumple el supremo designio divino  de justicia y misericordia, sino también porque revela a la conciencia del hombre un nuevo significado del sufrimiento. Sabemos que no hay un problema que pese más sobre el hombre que éste, particularmente en su relación con Dios. Sabemos que desde la solución del problema del sufrimiento se condiciona el valor de la existencia del hombre sobre la tierra. Sabemos que coincide en cierta medida, con el problema del mal, cuya presencia en el mundo cuesta tanto aceptar....
La cruz de Cristo --la pasión-- arroja una luz completamente nueva sobre este problema, dando otro sentido al sufrimiento humano en general. A la luz de esta verdad, todos los que sufren pueden sentirse llamados a participar en la obra de la redención realizada por medio de la cruz. Participar en la cruz de Cristo quiere decir creer en la potencia salvífica del sacrificio que todo creyente puede ofrecer junto al Redentor. Entonces el sufrimiento se libera de la sombra de lo absurdo, que parece recubrirlo, y adquiere una dimensión profunda, revela su significado y valor creativo. Se diría, entonces, que cambia el escenario de la existencia, del que se aleja cada vez más la potencia destructiva del mal, precisamente porque el sufrimiento produce frutos copiosos. Jesús mismo nos lo revela y promete, cuando dice: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. en verdad, en verdad os digo: si el grano de trino no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 23-24). ¡Desde la cruz a la gloria!...
¿No se podía sacar de aquí la respuesta que, también hoy, espera la humanidad? Ésa sólo se puede recibir de Cristo crucificado, "el Santo que sufre", que puede penetrar en el corazón mismo de los problemas humanos más tormentosos, porque ya está junto a todos los que sufren y le piden la infusión de una esperanza nueva. ( Catequesis de S .S. Juan Pablo II durante la audiencia general de los miércoles 9 de noviembre de 1988)